lunes, 14 de agosto de 2017

Informe contra mí mismo.


Informe contra mí mismo.


“Cómo se llaman, cómo se llamaban
los que ardieron allí gloriosamente
a través de la niebla de esta vida
hasta dejar en la pared helada
tan solo el hueso limpio de su ida
bajo la ciega luz indiferente.”
Eliseo Diego

Acabo de ver el filme “Esther en alguna parte” y enseguida recuerdo al escritor de la obra que da lugar a esta película: Eliseo Alberto Diego, del que desgraciadamente, solo conocía como un gran escritor de guiones para cine.


Eliseo Alberto, más conocido por “Lichi”, vivió más de 20 años en México, exiliado a pesar de que su padre era uno de los hombres, siendo profundamente religioso, de los más respetados por el gobierno de Fidel Castro.


Esther en alguna parte es una obra genial, pero uno sus libros más resonados, que desgraciadamente en Cuba no se conoce (imposible que se conociera)  fue “Informe contra mí mismo”, de 1978, en donde narra cómo la seguridad del Estado cubano le pidió que espiara e hiciera un informe contra su propia familia.  Pero ese es el centro de este artículo, así que es mejor conocer quién fue Lichi y cuales son sus orígenes.

Una familia de intelectuales respetados.


Eliseo Alberto de Diego García Marruz es descendiente de una familia pródiga en intelectuales. Hijo del gran poeta cubano Eliseo Diego y  de Bella García Marruz.


Bella formó parte del grupo de editores de la revista Clavileño y es considerada integrante del grupo Orígenes, a pesar de no ser escritora, pero tuvo una estrecha relación con toda la historia de este grupo y su revista, y también por haberse desempeñado en el mundo de la creación, junto con su hermana Fina, su esposo Eliseo Diego, Cintio Vitier y otros amigos.


En esta familia hay personalidades como Felipe Dulzaides, y Sergio y Fina  García-Marruz. Su abuela materna, Josefina Badía, era pianista y su hijo mayor (de su primer matrimonio), Felipe Dulzaides, llegaba a las tertulias familiares con ‘Los Armónicos”, un grupo de jazz que fue muy famoso en Cuba en la década de los cincuenta y principios de los sesenta del siglo pasado.


Para mí la aparición en la cultura cubana de Felipe Dulzaides Badía,  pianista, arreglista, compositor de formación autodidacta y uno de los impulsores del jazz en Cuba, ha sido algo excepcional.  Tanto a Fina como a Bella le gustaban mucho las canciones norteamericanas de las décadas del cuarenta y del cincuenta, Felipe se las sabían de memoria y les gustaba mucho que él las interpretara.


Otra razón poderosa para admirar a Felipe Dulzaides, aparte de que siempre me gustó mucho su música, es que coincidió con mi padre en el presidio de Isla de Pinos.   Allí compuso un número musical en honor a la Isla, cuentan que Felipe pudo conseguir una tabla donde dibujó el teclado de un piano y así practicaba aunque fuera con las melodías en su mente, esto me lo cuenta mi padre, con quien muchas veces pudo compartir en los escasos momentos en que allí se podía. Dos razones para admirarlo, por su excelencia artística y por haber sido víctima, igual que mi padre, de los desmanes del gobierno impuesto por la fuerza.


Mi padre, como ya he contado en otros artículos, lo mismo que fue un opositor activo al gobierno de Batista y se incorporó a las tropas del Ché Guevara en el Escambray, igualmente se convirtió en opositor al gobierno revolucionario, pues al regresar a su casa, después del triunfo de la Revolución, renunció a su condición de combatiente del Ejército Rebelde y volvió a su trabajo en la Cooperativa de Omnibus Aliados. Posteriormente fue apresado y condenado a 20 años por conspiración armada contra el régimen.


En cambio, los cargos por los que Dulzaides fue encarcelado no están muy claros. Parece que Felipe vivía en aquellos años con la hija de un ex-senador o político importante de Batista, y ella estaba conspirando contra el nuevo gobierno y a él lo involucraron, en un  juicio irregular, donde muchos de los testigos que declararon contra Felipe ni siquiera pudieron identificarlo cuando se les pedía que lo hicieran, pero como muestra de la justicia revolucionaria a ella la condenaron a veinte años de prisión y a él a seis, cumpliendo solamente cuatro por buen comportamiento.



Mientras tanto Josefina García-Marruz Badía, conocida artísticamente como Fina García Marruz, es una poetisa e investigadora literaria cubana, que ha recibido numerosas distinciones entre las que están los premios Nacional de Literatura 1990, Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2007 y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2011. Esposa del escritor Cintio Vitier, es madre del  famoso pianista cubano José María Vitier y del guitarrista Sergio Vitier, dos músicos de primera línea.


Mientras tanto su padre era una personalidad muy importante en el ámbito cultural cubano, pero al mismo tiempo era considerado por todos una buena persona, un hombre educado y afectuoso, muy accesible. En realidad a esa familia se les considera personas bondadosas, justas y auténticas, que no entraban en el enrevesado mundo de críticas, envidia y chismes del que muchas veces se rodea la intelectualidad.


Sus padres eran sumamente delicados, muy respetuosos de lo que sus hijos pensaran o  decidieran.   Cuentan que Eliseo padre era muy bromista y los que le conocieron afirman que las artes escénicas perdieron a un gran actor.  Pero a su vez, era un hombre melancólico que se refugiaba en su religión.Y Lichi heredó ese temperamento, yendo de la alegría a la depresión con facilidad.


En un ambiente con una profunda educación católica, hay que destacar que pese a los problemas y prohibiciones del gobierno cubano con la Iglesia católica,su padre y sus tíos fueron respetuosos de esa relación, pero nunca renunciaron a manifestarse como creyentes y como practicantes y sorprendentemente, creo que caso único, tampoco sufrieron represalias por ello.


En ese ambiente familiar, con gran influencia intelectual y herencia de cultura por todos los puntos cardinales, tenía que surgir un personaje de la estatura de Lichi, aunque como ocurre con todos los que abandonan el país, sea la razón por la que sea, su nombre se esfuma de la memoria, porque hasta es un pecado referirse a que en algún momento existieron y dejaron una huella en nuestras vidas.



Las obras de Lichi.


Lichi se licenció en periodismo en la Universidad de La Habana, después jefe de redacción de la gaceta literaria El Caimán Barbudo y subdirector de la revista Cine Cubano, también ejerció como docente, impartiendo clases y talleres de cine en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba, el Centro de Capacitación Cinematográfica de México y el Sundace Institute de Estados Unidos y en Chile.


Comenzó, como muchos, escribiendo poesía, pero más tarde, pero se sintió mejor abordando géneros literarios como la crónica y otros en el periodismo y una nota interesante sobre su primera novela,la narra diciendo que "estaba en el ejército, al frente de un pelotón, y me encontré con el director de la revista militar de las Fuerzas Armadas de Cuba, una revista que se llama Verde Olivo, y le dije una mentira: le conté que tenía escrita una novela y me propuso publicarla por capítulos, cada semana una parte. Me dijo que le mandara el primer capítulo, era un viernes. Ese día por la noche me senté a escribir, porque no tenía ninguna novela. Esa novelita se llama La fogata roja y trata sobre un pelotón de niños que tenía el general Sandino en Nicaragua, que se llamaba El Coro de los Ángeles. Yo había conocido a uno de esos angelitos. Nunca había estado en Nicaragua, pero con esa novelita me gané el Premio Nacional de la Crítica en La Habana. Esa fue mi primera novela".


El tema de Cuba y su cultura lo abordó incesantemente, sin pausa y era un admirador de las historias de los grandes deportistas cubanos como Capablanca, Kid Chocolate y Ramón Fonst el béisbol, la música y la literatura cubana, el ballet, todos fueron temas de sus artículos periodísticos, de sus novelas, de sus guiones y de sus filmes y dejó inconclusa una obra sobre estos tres figuras cimeras de nuestro mundo deportivo.


Entre sus obras están la ya citada  “La fogata roja”, “La fábula de José” y “El retablo del conde Eros” (una melancólica novela enclavada en el arrabal habanero de la Cuba prerrevolucionaria al estilo de los escritores franceses Honorato de Balzac o Víctor Hugo por cuanto al número de personajes que la pueblan),  y su fuerte fue la creación de guiones de cine y televisión, entre ellos el de la película Guantanamera, con Tomás Gutiérrez Alea (1928-1996) y Juan Carlos Tabío; la que dió origen a este artículo:  “Esther en alguna parte”, transcurre en La Habana de 1978, donde en medio del lamento de Lino Catalá por la muerte de Maruja, su esposa, llega Larry Po, un viejo estrafalario y actor de segunda, a confesarle la doble vida de su mujer: de día era ama de casa, de noche, una imponente cantante de boleros; “La eternidad por fin comienza un lunes” , un circo de paupérrima condición habitado por artistas de primera, hace un recorrido por toda latinoamérica y donde al igual que cualquier ser humano, los seres de esta carpa son presa tanto de las pasiones más abyectas, como de las más sublimes.


            Escena del filme Esther en alguna parte, con dos gigantes de la actuación cubana

“Crónicas Mexicanas”, de 2009, Lichi dio su particular visión de un país al que llegó a amar no tanto como su Cuba natal, pero casi. Contó, entre muchas otras, la historia de los nueve náufragos que sobrevivieron nueve meses a la deriva y, como Monsiváis, habló de Juan Gabriel y de la Virgen de Guadalupe.


Varios libros de recopilación de crónicas periodísticas fueron: “Viento a favor”, “La vida alcanza”, “Una noche dentro de una noche”, “Cal y Arena”, “Dos cubalibres: nadie quiere más a Cuba”, éste último lo calificaría de imprescindible y dentro del cual hay una cita de Lichi que dice: "ese viernes me sentía más solo que un centerfield en un estadio vacío y la soledad, ya se sabe, es una experiencia vulnerable".


A propósito de La fogata roja, su primera novela, ambientada en la  Nicaragua de Sandino nos viene a la mente el escritor Sergio Ramírez, su gran amigo, de quien cuenta: “Una vez le mostré una foto de mi familia. Y él me dijo: debe de ser una de las pocas imágenes que guardas donde están todos juntos. ¿Cómo te diste cuenta?, le pregunté. Es lo que pasa con las revoluciones: siempre falta alguien en la foto, me contestó Sergio”.  Vuelve al memoria Carlos Varela con su canción “Foto de Familia”, donde dice que siempre hay una silla vacía que está a 90 millas de la mía.


Y no hemos hablado de Caracol Beach, su consagración internacional, que lo consagra no solo por el premio Alfaguara de 1998, sino que lo muestra como una nueva figura del realismo mágico de García Márquez. Es un libro complicado, donde se muestra magistral en el dominio de la novelística y la herencia de Gabo. Caracol Beach yo diría que es lo que le hace la soledad a la mente y la conduce a la locura, un libro que hay que leerlo de una sentada.


Sus tres libros de poemas, que él calificó de malos, por supuesto que los comparaba con la obra de su padre, los escribió hasta 1979, y tras su divorcio de su primera mujer, la bailarina cubana Rosario Suárez (Charín como es afectuosamente conocida por sus admiradores, es además una destacada profesora y conduce su labor docente en el Miami Conservatory of Ballet), Lichi se quedó sin musa y dejó la poesía.


“Hacer una novela es jugar una partida de ajedrez, porque tienes que mover esta pieza sabiendo que después vas a mover esta otra y que diez jugadas más adelante vas a atacar tal punto en el frente del contrario”, decía


Trabajó con Gabriel García Márquez en varios guiones cinematográficos, y los unía una larga y afectuosa amistad, que se iniciara en 1975.



Eliseo Diego murió en México en 1994, lo que hace que haya trágicas coincidencias con sus propios hijos Lichi y Rapi y el gran Bola de Nieve.


“La Novela de mi Padre” surge porque  varios años después, de la muerte de Eliseo, su hija Fefé encontró en su casa de La Habana las primeras páginas de lo que sería la primera novela del poeta. Esta obra, comenzada cincuenta años antes de que muriera, llegó a manos de su hijo Lichi, quien se propuso terminarla, pero la muerte también lo alcanzó sin concluirla. La novela de Eliseo Diego, es la obra de un poeta: las palabras pesan más que los hechos. A eso hay que sumarle que es un híbrido entre lo escrito por su padre y lo suyo, pero Lichi supo llevar su prosa al lugar justo donde el dolor por la muerte de su padre más lo necesitaba.


Sobre su amplio trabajo escribiendo guiones de cine, él mismo decía:
“Un guión de cine, te voy a decir, no sirve para nada, salvo para hacer una película. Eso es muy triste, y se debe a que el cine, siendo tan poderoso, tiene una debilidad... El cine necesita que otro arte se sacrifique por él, y ese arte es la escritura... Entre el cine y la escritura existe la misma relación que existe entre el gusano y la mariposa. El gusano tiene que desaparecer para que en su lugar surja otro animal, que muchos creerán que es más bonito, la mariposa... Es muy raro, pero eso nunca pasa con el teatro, porque el teatro existe como literatura y como espectáculo escénico. Con el cine no, el cine es cine y nada más, no es, no puede ser texto... Tú puedes leer el teatro de Hugo Argüelles, y también puedes verlo en muchos montajes distintos.. Pero el cine... el cine se pone una vez y ya, si queda bien o queda mal no hay más remedio, no hay segunda oportunidad…”



Y nos queda lo más impactante: “Informe contra mí mismo”.


¿Qué pensarías si un régimen totalitario te compulsa a que espíes a tu propia familia e informes de sus andanzas para ver hasta qué punto son fieles a ese sistema?


Informe contra mí mismo lo impulsó a la diáspora y representó para Lichi la purificación de las pasiones al contemplar una situación tan  trágica, inimaginable. Lichi escribió el “Informe” en 1978 y por supuesto, lo publicó fuera de Cuba y señalaba:  “Por ese libro me recordarán”.
Es un documento desgarrador en donde cuenta cómo las autoridades cubanas le habían pedido, cuando él era soldado, que redactara informes en contra de su familia y amigos: “Lo que realmente importaba era contar con un archivo comprometedor, no una reseña sobre el posible acusado, sino también un arma contra el confidente, que fue capaz de traicionar a su propia familia.


Cuando leía “El informe contra mí mismo”, un libro intimista al máximo, me pareció una historia que también era la mía. Los dichos, los lugares, las citas, el crudo testimonio del desencanto por el que han transitado millones de cubanos, la desilusión de un proceso político que se convirtió en un engaño, una estafa que dura más de medio siglo.  No es un libro de posición política contrarrevolucionaria, es un testimonio donde se expone con mucha honestidad y con un profundo dolor las causas que han hecho que todo un pueblo se haya hastiado, un análisis, objetivo, popular, completo y muy emotivo, sobre todo para los que vivimos esos años.


No es un libro para leer una sola vez, lo lees y te parece que estás viviendo esos años donde teníamos anhelos, esperanzas y confianza, y también de qué forma fuimos yendo hacia el desengaño y la frustración.  Una magnífica explicación del por qué hay tantos cubanos que han renunciado a su patria.


Dicen que “Informe” fue un libro que circuló en Cuba de mano en mano, reproducido por las más diversas formas, pero nunca tuve la suerte no de verlo, siquiera de conocer su existencia.



Algunos dicen que tiene muchas verdades y las verdades son incómodas. Otros dicen que es una obra dolorosa que no va a los extremos, sino a la realidad y que permite ver las bondades del sistema. De acuerdo con su carácter, o el lado melancólico de su carácter, porque también fue un hombre muy alegre y efusivo, este libros nos muestra como centro de su objetivo el desencanto desde una perspectiva afligida.


Un periodista en México le preguntó un día, queriendo una respuesta definitiva: Eliseo, en resumen ¿usted está a favor o en contra?, y Lichi respondió, yo estoy a favor del derecho de estar en contra. Y sí, sé que también camino por la cuerda floja, porque suscribo línea por línea ese libro”.


“A favor del derecho de estar en contra”. Toda una frase que se suscribe en una palabra: “libertad”. Algo que en Cuba, ni siquiera a esta altura, después de tantos cambios, al menos aparente, sigue sin aparecer.  


Lichi estaba consciente de las consecuencias del libro, no solamente en Cuba sino en otros países, sobre todo hispanoamericanos, los que han experimentado, a partir de los dos aspectos amigables que tiene la revolución cubana: la salud pública y la educación, una fascinación casi mítica de la vida en nuestro país, la cual solamente se puede conocer viviendo en ella, y no como un extranjero, sino como un cubano.  Lichi simplemente cumplió su obligación ética de narrar la realidad como la veía, que es igual como la ven la mayoría de los cubanos.


Decía Lichi que escribir “Informe contra mí mismo” fue como una especie de liberación, que se había vaciado por completo, que había sacado fuera todo lo que tenía que decir sobre Cuba, la política, la Revolución. Ello le permitió empezar con otras cosas y no se quedó encasillado con las cuestiones políticas que tanto daño terminan por hacer a los escritores.


Y no es un simple perfil de su ruta disidente, muchos escriben sobre la Revolución cubana, existen los apologistas de las bondades y éxitos, como ejemplo tenemos toda la prensa cubana y que ello constituye su único objetivo, y los apologistas de los defectos y fracasos, como es toda la prensa miamense y algunos internos con objetivos en casi todos los casos de emigrar como perseguidos políticos.  La apología, alabanza, encomio o ensalzamiento, sea en el sentido que sea, siempre tienen en su contra la justificación, defensa, disculpa o vindicación. Por eso la apología, venga de donde venga, siempre termina sin credibilidad.



De ahí la magnificencia de “Informe” porque no hace apologías, describe la realidad.


Los exiliados cubanos, suelen ofrecer la alternativa de la nostalgia como posibilidad de vida a los cubanos que viven en la isla. Eliseo Alberto dijo respecto a ello:


“Aunque quisieran, no pueden. El regreso es imposible. Siempre se va. Uno va y va y va. El regreso es una metáfora, un recurso literario. Y el que quiera regresar al pasado de Cuba, no podrá hacerlo, porque ese pasado no existe más. Eso se acabó... Yo he sido muy crítico con Fidel y con el gobierno de mi país. Yo, además, he recibido numerosas críticas de parte del gobierno cubano, críticas hasta insultantes, pero yo no escribiré nunca nada que le haga daño a Cuba. Antes de eso, mejor me corto la lengua y los brazos... A mí me gusta decir, y estoy dispuesto a demostrarlo, que nadie ama más a Cuba que yo. La pueden amar como yo muchos, millones, no digo que no, pero más no, más no... porque eso es humanamente imposible…”


García Márquez se distanció de él después de la publicación de “Informe”. Son las cosas decepcionantes que nunca voy a entender de un intelectual tan lúcido y a la vez tan bruto de no querer ver la realidad y que hace que disfrute sus obras con igual gusto, pero con cierto rechazo a su persona por valorar más la mentira de su amigo Fidel Castro que la verdad de su alumno Lichi.



Lichi: “...la patria es la comida…”


Esta frase, controvertida la primera vez que uno la escucha, y profundamente acertada cuando la analiza, no la dejo de citar cada vez que puedo. Es otra cosa más que le agradezco a Lichi.
Eliseo Alberto fue un personaje hiperbólico, todo parecía hacerlo en forma exagerada, tanto cuando jugaba al ajedrez, escribía con rigor preciosista, o cocinara como si fuera el mejor chef del mundo.


Para el autor cubanísimo, la patria era “un plato de comida” y por eso le gustaba organizar grandes comilonas en su casa para homenajear a sus amigos. Decía que Dios era vegetariano, “porque de otro modo no hubiera durado tanto”.


“Yo me como mi país todos los días. Sus frijolitos negros, su yuca con mojo y una cosa que come San Pedro en el cielo todos los domingos. Está comprobado:”tamal en cazuela”, contó en 2008 en una entrevista al diario El País. Ir a su casa en México era como entrar en la del Vedado. Era un excelente cocinero; se levantaba muy temprano y ponía a hacer sus frijolitos negros, que jamás faltaban en su mesa, arroz blanco, picadillo, plátanos fritos o chatinos. Vivió muchos años en ese país, pero sus gustos culinarios se mantuvieron intactos.
Sus amigos disfrutaban sus almuerzos y comidas pero, sobre todo, su conversación: era un fabulador nato, siempre andaba inventando historias y le gustaba comentárselas a sus amigos y leerles lo último que había escrito.”


“Yo quiero ir a ver a mi mamá y sentarme en su mesa y comerme sus frijoles y después irme a dormir la siesta en su colchón. Y ya.”



Cada vez que leo estas citas, me siento yo mismo, que en los cinco años que hace que vivo en México, me siento otro Lichi y revivo sus reflexiones. Para mí también la patria es la comida. Uno se siente diferente cuando puede comer como lo hizo siempre. Creo que eso le pasa a cualquiera que deje sus raíces, puede asimilar un nuevo idioma, nuevas costumbres, different  clima, diferentes formas de vivir, pero lo que nunca podrá dejar a un lado son los olores de su cocina, sus alimentos y la forma de hacerlos. Si desgraciadamente tiene que renunciar a ello porque no hay otra forma de lograrlo, lo único que va a quedar en su memoria son sus muertos y la comida.  Puede sonar raro, hasta irreverente, pero es así, sin duda.


Para él la patria era un plato de frijoles y un vaso de ron. Lichi se comía su país todos los días. Y eso le ayudaba a seguir adelante. El hombre se nutre de cosas tan sencillas como esas.


Lichi, como le llamaban, nos regaló alegrías que no podemos pagarle más que volviendo a repetir el gusto de leerlo.  Y reconocerlo como no se ha hecho en su propia patria.



Nota triste y la vigencia en Cuba del origen de “Informe”


Recuerda que Lichi, narrador y guionista, compartió con su hermano Rapi, artista gráfico y guionista, su afición por el cine y trabajaron juntos en varias películas. Ambos se trasladaron a México en los años noventa, invitados por García Márquez para colaborar con él en el cine. Eliseo Diego falleció en México, en marzo de 1994, luego de recibir el Premio Juan Rulfo en diciembre de 1993. Sus hijos murieron también en Ciudad de México. Rapi, en enero de 2006, y Eliseo Alberto, Lichi, en julio de 2011.


El día siguiente a su muerte, el periódico Granma anunciaba que había terminado el II Pleno del Comité Central de Partido Comunista de Cuba, se iniciaba un período de sesiones de la Asamblea Nacional y otra serie de mentiras sobre cumplimientos de planes y éxitos. Igual información tenían todos los medios de difusión masiva cubanos. Estas informaciones, que a nadie le interesan, porque nadie tiene confianza ni credibilidad en la prensa cubana, obviaron la muerte de Lichi.  Eliseo Alberto no existía,, ni existía su paradigmática obra novelística y periodística, ya no era cubano, sino ex-cubano como designó el estúpido vocero del gobierno, el nuevo Otto Meruelo, a los que buscaron la libertad. Otra de las infamias que denuncia Lichi en su “Informe”, el que disiente del régimen, es borrado de la historia.


Sin duda una buena parte de la intelectualidad, lamentó su muerte, pero se lamentaron de ella en voz baja, cosa desvergonzada, porque la muerte de alguien a quien hay que admirar y respetar tiene que estar por encima de consideraciones y credos políticos, religiosos o de cualquier índole. Es parte del miedo que impulsó a escribir “Informe”, uno de los documentos más valiosos que se haya escrito en Cuba.


A seis años de su muerte, es muy bueno que se recuerde de una u otra manera a uno de los novelistas cubanos más sobresalientes de las últimas décadas; ser dadivoso, solidario, justo, lejano de la maldad, la intriga y la traición,  quien en cierto momento supo resistir la presión de los “hombres nuevos”, que de nuevos no tienen nada, sino que acumulan toda la miseria humana de la historia.



Eliseo Alberto "Lichi" Diego, hijo de Eliseo Diego y Bella García Marruz, y sobrino de Cintio Vitier y Fina García Marruz, miembros del Grupo Orígenes, y de quienes sin duda heredó la excelencia literaria, murió en México el domingo 31 de julio de 2011 y pidió expresamente que sus restos descansaran en Cuba. Fue un enamorado fiel y constante de su país, de su historia y de su cultura.


Los muertos que uno ama no se mueren, dijo Lichi. Estoy seguro que igual ocurrirá con él, que por su valentía, tanto como por su excelencia, se merece un puesto de honor dentro de nuestros muertos.


Como él decía, recuerda su hijs María José, “Cuba es un piano que alguien toca detrás del horizonte… Es un plato de comida que me como cada día”. Y añade María José de Diego: “Para mi, él será siempre mi Cuba. Él es mi piano”.


“La razón dicta; la pasión ciega. Solo la emoción conmueve. Porque la emoción es a fin de cuentas, la única razón de la pasión”.
Eliseo Alberto, el novio de Cuba

Eliseo Alberto, el gigante que amaba el ajedrez y cocinaba los mejores chícharos del mundo



sábado, 12 de agosto de 2017

Lugares y hechos interesantes de Cuba


Lugares y hechos interesantes de Cuba


El filme Amistad está basado en hechos reales ocurridos en Cuba.
Cinque era hijo de un minero en lo que es ahora la República de Sierra Leona, en la costa oriental de África. Lo llamaban Sing-Gbe, en la lengua de la tribu pero sonaba como “Cinque” y así lo nombró la prensa.
A principios de 1839 fue apresado por unos tratantes de esclavos, que lo vendieron a un comerciante portugués para ser embarcado a América. En este primer viaje no tuvo oportunidad de escapar, ya que los esclavos estaban encadenados pierna con pierna en las estrechas cubiertas del buque. Gastó todas sus fuerzas y su coraje para poder sobrevivir los tres meses de viaje, rodeado por hombres, mujeres y niños que morían por decenas atados a sus cadenas. Los captores los alimentaban a la fuerza como a gansos para ser vendidos en el mercado, azotándolos sin razón, solo para atemorizarlos, y frotándoles vinagre y pólvora en sus heridas para prevenir las infecciones.

El puerto de destino era La Habana, donde Cinque y medio centenar de hombres más fueron comprados por dos cubanos llamados José Ruiz y Pedro Montes a menos de 10 dólares por persona. Marcharon sin cadenas ahora, hacia otro puerto cubano ubicado en la parte oriental de la Isla, para lo que fueron subidos a bordo de la goleta Amistad.


Fue en ese barco donde Cinque convenció a sus compañeros para que se amotinaran. Ellos deben haber estado muy impresionados por su líder que, de acuerdo a las palabras de un periódico contemporáneo, parecía un personaje muy dispuesto y hasta heroico.
Cinque era un hombre joven y muy fuerte y que podía vencer hasta a dos hombres juntos. Era inteligente y revela una tranquilidad y una decisión poco común, con una serenidad que caracteriza al coraje verdadero. A esto se sumaba que era un orador poderoso y convincente. Todo ello propició que en la cuarta noche de viaje, los otros esclavos lo siguieron a la cubierta donde toda la tripulación, menos el timonel, estaba durmiendo.
Tomaron los cuchillos de los marineros y pronto estuvieron al mando de la nave. Cinque mató al capitán y al cruel cocinero, pero ningún otro sufrió daño alguno. Pusieron a la tripulación en botes y los echaron al mar pues estaban cerca de las costas cubanas y sólo Montes y Ruiz fueron retenidos para que guiaran la goleta de vuelta a África.
Ordenaron a través de señas a Montes y a Ruiz que navegaran hacia el sureste, hacia Sierra Leona , pero fueron engañados y tras 50 días de navegación 50, la Amistad llegó a las aguas de Nueva York.
Los amotinados desembarcaron y compraron provisiones con el oro que encontraron a bordo, pero una nave de vigilancia costera divisó el barco. Cuando los americanos subieron a bordo, Cinque se zambulló en el agua evadiendo, de esta forma, a sus perseguidores por más de una hora. Finalmente lo apresaron y la Amistad fue devuelta al oficial de justicia en Nuevo Londres, donde los amotinados fueron acusados de asesinos y piratas.
Allí se realizó uno de los más sensacionales juicios del siglo. La Corte decidió que los hombres no eran ni súbditos ni esclavos españoles y que debían “ser declarados libres y se les debía levantar la custodia de la Corte y dejar partir sin retraso”.
Luego Cinque y sus hombres recorrieron el norte del país recolectando dinero para pagar su viaje de regreso, lo que hicieron con mucho éxito y fueron apoyados por la prensa..un gran Un periodista del New York Sun escribía sobre Cinque: “Sus ojos pueden revelar su pensamiento, desde el desacato tranquilo de un jefe altanero a la gran resolución que debe ser sostenida a través del martirio… Muchos hombres blancos podrían haber tomado una lección de dignidad y de paciencia de este africano”.

Los amotinados alquilaron el bergantín Gentlemen y navegaron hacia Sierra Leona, a donde llegaron dos años después de haber sido apresados y sometidos a la esclavitud.
Cinque fue más tarde intérprete en una misión cristiana en su tierra, pero nunca se arrepintió de su comportamiento a bordo del Amistad. Una vez le preguntaron si no habría orado por el capitán y el cocinero, en lugar de matarlos, en el caso en que tuviera que hacerlo de nuevo. “Sí, hubiera rezado por ellos y también los hubiera matado.”


Steven Spielberg dirigió el filme "Amistad", narrando la increíble historia.Contó con grandes estrellas como Matthew McConaughey, Morgan Freeman y Anthony Hopkins.   La obra y lo que ocurrió en la vida real, es la lucha por un derecho básico de la humanidad, la libertad, por la que lucharon hasta la última instancia.


El Obelisco de Malecón y 23
Nunca lo vi, pero una vez una foto lo tenía y así indagando llegué a conocer qué era.
Hasta la década de los años 60, existió en la intersección del Malecón habanero y la calle 23, - justo donde comienza lo que ahora se conoce como La Rampa, en lo más céntrico del Vedado , un monumento a nuestro apóstol José Martí, que si bien no es una obra de la majestuosidad de otras en su honor o de los numerosos edificios y construcciones que hoy se pueden apreciar a lo largo del malecón, este obelisco presentaba una peculiaridad, su estilo “art decó”.


l art déco (también art decó o incluso art deco) fue un movimiento de diseño popular a partir de 1920 hasta 1939 (cuya influencia se extiende hasta la década de 1950 en algunos países) que influyó las artes decorativas tales como arquitectura, diseño interior, y diseño gráfico e industrial, también a las artes visuales tales como la moda, pintura, grabado, escultura y cinematografía.


En el mundo tuvo un gran impacto, y muestra de ello son obras como. El Edificio Chrysler en New York, el Rockefeller Center en la misma ciudad, el ayuntamiento de Buffalo en el estado de New York, el edificio Kavanagh de Buenos Aires, el Palacio Rinaldi, en Montevideo, Miami Beach en la Florida tiene una vasta colección de edificios art déco  con alrededor de treinta manzanas de hoteles y edificios residenciales de los años 20 a los 40, pueden encontrarse maravillas del art déco en Cataluña o por toda la Comunidad Valenciana, Cantabria y Asturias, especialmente en Oviedo y en fin en todo el mundo este estilo imperó por décadas.

Y Cuba no se quedó atrás, y por suerte sobreviven magníficas obras del art decó como son el Edificio Bacardí, quizás el más impresionante de todos; el Cine Teatro Fausto; el edificio y Cine Teatro América; el Hospital de Maternidad "América Arias" en el Vedado; la librería "La Moderna Poesía"; el Edificio López Serrano en el Vedado; el edificio del Colegio de Arquitectos en el Vedado; el majestuoso Hotel Nacional; y si recorremos la ciudad, sobre todo en el barrio del Vedado, encontraremos decenas o cientos de edificios y mansiones construidas en este estilo.


A eso hay que sumarle ahora el obelisco de 23 y Malecón.
Si recuerdo bien, en los primeros años de la década del 60 se instaló en ese mismo lugar una torre de perforación de petróleo que estuvo funcionando allí por unos meses, sin encontrar nada. Puede que esa haya sido la razón de la eliminación del monumento.
 
Sin duda fue un hermoso monumento y en un lugar privilegiado.



El Restaurante Toledo


Si a algo dedicamos mi esposa y yo, sobre todo en los primeros años de matrimonio y después con nuestros hijos, fue a ir mucho al cine, y sobre todo ir a comer a restaurantes. Muchos eran aquellos en los que repetimos por diversas razones: por cercanía, por ser baratos y en otros porque nos gustaba mucho la comida del lugar.  Entre ellos estaban el restaurante del Río Cristal, el cual cumplía con los tres requisitos mencionados anteriormente.  Pero nos encantaba ir a restaurantes de comida española, como El Centro Vasco y Bulerías, la excelencia de la comida en Monseigneur y el ambiente con Bola de Nieve, lo exótico de las comidas de el Polinesio y disfrutar una vista incomparable en La Torre, o un ambiente y una comida diferente en El Conejito.  En una de esas andanzas, aunque no era el lugar por donde usualmente andábamos, decidimos ir a La Casa de los Vinos, al fondo de la terminal de Trenes y al restaurante Toledo.  Y no nos arrepentimos de la visita a ninguno de los dos lugares, a pesar del entorno escalofriante donde estaban.


El restaurante Toledo, en Águila y Barcelona era una de las mecas del buen comer en La Habana. Especializado en comida española, el local ubicado en un lugar muy céntrico de La Habana, pero no un barrio muy acogedor,  estaba ambientado de forma exquisita con grandes vitrales y mosaicos que cubrían las paredes hasta la altura de un metro. Llamaba en particular  la atención su cantina, construida a semejanza de una calle toledana desde la que se extendía una larga barra de maderas preciosas.

Muchísimos años después, cuando se pusieron de moda las oficinas con divisiones hasta determinada altura para darle cierta privacidad a los empleados, me recordé del restaurante Toledo y la simpática solución que le habían dado.  En muchos, la mayor parte de los lugares que trabajé, sobre todo Ministerios, era usual un gran salón desde el que se podían controlar a todo el personal y solamente los Jefes de mayor nivel tenían su oficina privada.


A lo anterior se sumaban amplios reservados que eran utilizados frecuentemente por los ejecutivos de las empresas asentadas en la zona para cerrar todo tipo de negocio o como lugares de celebración de las más diversas asociaciones, o simplemente por familias que querían celebrar algo en privado.


A pesar de que trabajé un tiempo en el capitalismo muy cerca de allí, en la calle Reina, y además iba noche por noche, pues laboraba en un turno nocturno, a comer algo, y me quedaba solo a media cuadra el restaurante Toledo, ya que El Toro, donde comía, estaba en Barcelona esquina a Galiano y el Toledo en Barcelona y  Águila, muy cerca del Capitolio, nunca me dio la idea de ir allí.   


Simplemente, me lo perdí.  Me perdí la vista de dos hermosos vitrales, que asombrosamente han sobrevivido a más de medio siglo revolucionario, el diseño ambiental, como en una casa de muñecas, rodeado de antiguos tejados españoles, escenas de toreros y de las aguas del Tajo bajo una arcada romana, río emblemático de España, especialmente de la vieja ciudad que motivó al fundador del pequeño rincón donde ahora me encuentro y donde mis abuelos y bisabuelos nacieron y vivieron.



Porque ahora que, de viejo, he descubierto que mis ancestros españoles por parte materna provenían de Toledo, pues eran sefardíes que fueron expulsados y dieron a parar a Asturias, con más razón me acerco a lo que me atraía sin saber por qué.


Cuentan los que trabajaban y conocían bien la calidad de la gastronomía, en La Habana de mediados de 1970, solo en el Centro Vasco y aquí, se podía degustar una suculenta fabada asturiana. Razón de más paras añorar esos tiempos, porque ahora el Toledo es un bar de mala muerte y el Centro Vasco, a donde fuí antes de irme de Cuba hará cinco años, la comida no es nada de lo que un día fue.



La isla con muchos nombres.


Con variados nombres se le ha llamado, a una isla de forma caprichosa, ubicada junto al Golfo de Batabanó, aproximadamente a 60 kilómetros de la isla de Cuba  al sur, la cual durante más de tres siglos fue parada obligatoria y gustosa para todos los piratas y corsarios que navegaban las aguas del Mar Caribe.
Primero, los indios la llamaban Camaraco y también se recoge el nombre de Siguanea, palabras derivadas de las lenguas indígenas. Pero con Colón fue “descubierta” y bautizada como La Evangelista el 13 de junio de 1494, durante su segundo viaje al Nuevo Mundo.


Durante el siglo XVI también se le conoció como Isla de las Cotorras y así aparece en los rudimentarios mapas de aquellos navegantes que surcaban estas casi siempre tranquilas aguas.
Por supuesto, por su ubicación, durante los siglos XVI y XVII y XVIII, fue el refugio de tripulaciones de buques piratas y corsarios, de los que se dice que aprovechaban para ocultar sus botines y tesoros en las cuevas de la isla.  Se habla mucho de que cuando Robert Louis Stevenson escribió “La Isla del Tesoro”, este clásico se basó en la Isla para ello y así lo hicieron otros escritores, lo que dio origen a un nuevo nombre para ella , “La Isla del Tesoro”.


Al ser parte cercana a Cuba, no escapó a la colonización española,  pasando a ser propiedad de la metrópoli .En medio de este proceso y a principios del siglo XIX, se convirtió en la colonia de la Reina Amalia fundando su capital, Nueva Gerona, el 17 de diciembre de 1830.
Bajo el dominio de la península, comenzó a llamarse Isla de los Deportados, ya que fue precisamente el lugar donde los que se oponían a la metrópoli eran encarcelados y de cierta forma desterrados.

En el Hotel Colony, 1974.

Posteriormente fue nombrada Isla de Pinos, cuyo origen que se remonta a los pinares de la especie Caribbean que ocupan un área importante de la región.
Isla de Pinos fue la nomenclatura es la más duradera, con un origen que se remonta a los pinares de la especie Caribbean que ocupa un área importante de la región. Posee espesos bosques tropicales donde se localizan iguanas de gran tamaño, jutías, palomas rabiche y puercos cimarrones, entre otras especies de animales. Todavía hoy se utiliza esta denominación aunque haya sido rebautizada por la revolución, hasta el punto de que el gentilicio de los locales es pinero, eso no lo ha podido cambiar nadie.
Este bautizo, de carácter político y porque ha sido regla histórica de los regímenes comunistas el cambiarle el nombre a todo, para ver si así pueden borrar y cambiar la historia, lo recibió en 1978 cuando el nombre cambió a Isla de la Juventud, por la gran cantidad de escuelas del sistema interno construidas para estudiantes nacionales y extranjeros. Esto conllevó un aumento considerable de la población al ser requeridos el servicio de maestros y muchas otras personas para atender las escuelas y los planes de cítricos que en la Isla prosperaron.



Además recibió el nombre de Isla de los 500 Asesinatos por parte del célebre autor cubano Pablo de la Torriente Brau, con motivo de los asesinatos cometidos en el otrora Presidio Modelo, y otros que aparecen en diversos textos como son el de  Guanaja y Reina Amalia.


Isla de Pinos, que es como debía llamarse, pues así la conoce todo el mundo, hasta sus habitantes y naturales, tiene grandes atracciones, como son La Playa Bibijagua, famosa por sus arenas negras; el centro de Buceo y Hotel Colony, donde tuve el gusto de alojarme en 1974, Las Cuevas de Punta del Este, consideradas la Capilla Sixtina del arte rupestre caribeño; el Parque Nacional Ciénaga de Lanier; la isla turística Cayo Largo del Sur;  la finca El Abra donde fuera confinado de joven José Martí y algo de lo que muchos no podremos olvidarnos mientras vivamos: el tenebroso Presidio Modelo, donde mi padre sufrió cárcel y vejámenes por 8 largos años.


La historia de Cortinas y su famosa hacienda


Cuando a finales de los 80, surgió en Cuba el llamado “Campismo Popular”, como ya de joven había experimentado en una aventura de la que prefiero no hablar pero que tengo irremediablemente que hacerlo pues forman parte de mis memorias, por supuesto que todos los niños querían correr la suerte de dormir en un ambiente natural y quién no complace a sus hijos.


Así que buscamos, entre las opciones existentes, la que consideramos menos peligrosa, por lo que con mis hijos y mi sobrina nos fuimos al llamado Parque Nacional La Güira, en Pinar del Río.  El viaje fue bonito, el lugar precioso, espectaculares las cabañas en los árboles y lo majestuoso todavía nos quedaba por descubrir: La Hacienda Cortina.


Había leído sobre Cortinas, pero realmente no había profundizado en su vida y solo me limité a grabar su participación en la elaboración de la avanzada constitución cubana de 1940.


José Manuel Cortinas, que era natural de San Diego, Pinar del Río, Hijo de Constantino de Cortina y Arteaga, un agricultor de ascendencia vasca,se gradúa del Colegio de Belén en el año 1903 como abogado. Cortina escribe para varias revista de esa época, como Democracia, El Mundo, La Lucha, La Revista de Derecho, y La Nación.


En 1908, es elegido representante en la cámara baja, siendo después elegido senador. Trabajó como secretario en la presidencia de Alfredo Zayas y Alfonso, años después, en la presidencia de Miguel Mariano Gómez trabaja como Ministro del Exterior de Cuba y luego en el gobierno de Fulgencio Batista en los años 40. A principio de la década del treinta, Cortina trabajó en la eliminación de la Enmienda Platt y sirvió como presidente del comité bajo el que se creó la Constitución de Cuba de 1940. José Manuel Cortina y García, es considerado unos de los oradores y diplomático más notable de la Cuba.


Fue propietario de dos haciendas, una en Arroyo Naranjo y la otra en Pinar del Río, su familia también tuvo propiedades en la provincia de Camagüey y todas fueron confiscadas por el gobierno revolucionario, entre ellas las Cueva de los Portales ubicada en municipio La Palma, Pinar del Río y la que nos ocupa: La Hacienda Cortina.


La construcción de la Hacienda Cortina data de los años veinte del siglo pasado, y siempre fe reconocida como uno de los mayores latifundios de la  provincia de Pinar del Río durante la república neocolonial. Comprende un área de 22 mil hectáreas de tierras.


La Hacienda  comprendía varios hatos o corrales antiguos, y poseía un total general de 6 848 fincas, dedicadas al fomento de la ganadería vacuna y equina, la siembra de tabaco y frutales, y la extracción de resina de pino, contando con un aparato administrativo y comercial que aseguraba económicamente a la misma.


Lo primero que nos impresiona es su portada de estilo medieval, como un castillo, después aparecen  jardines, paseos, los interiores de la propiedad conforman un conjunto de parques y vergeles diseñados con una mezcla de estilos, en los que predomina la influencia de la cultura japonesa.  En la construcción del parque participaron trabajadores jamaicanos, haitianos, daneses, japoneses, gallegos y mexicanos.


En los espacios abiertos predominan elementos decorativos y escultóricos, sobresalen las figuras esculpidas en mármol de Carrara, bronce y otros materiales. A su vez la cercanía del río San Diego en ese paraje fue aprovechada para la creación de un lago artificial utilizado para la pesca y los paseos en bote, con glorietas, embarcaderos y áreas de estar, integradas armónicamente a la vegetación y al paisaje del bellísimo entorno montañoso.


En la hacienda existía una habitación que la identificaban como “Vivienda del Buda”, donde Cortinas, se reunía con sus amigos y practicaban diferentes costumbres orientales como el uso de pantuflas, la quema de inciensos y el reposo del cuerpo y el alma.


Realmente, aunque en aquel entonces su estado de conservación comenzaba a mostrar síntomas de desidia, considero que es uno de los lugares más bellos de Cuba, como tantas cosas lindas que tiene la Provincia de Pinar del Río para ofrecernos, y conste que ni soy ni tengo familia pinareña, es simplemente la realidad, no en balde la canción “Pinar del Río que linda eres, de Guanajay hasta Guane…”



Por supuesto que ante tanta magnificencia la experiencia del “Campismo” fue un rotundo fracaso, la cabaña que ofrecía el paquete turístico no tenía donde dormir, comenzó a bajar la temperatura, sobre todo por la altura porque no era invierno, tuvimos que acomodar a los muchachos en una especie de banco de madera y ponerles papeles de periódicos dentro de la ropa para que no pasaran frío, una manada de puercos salvajes hizo presencia varias veces durante la noche y por una parte los muchachos querían verlos y nosotros no queríamos salir, en fin, como el título de la película “An affair to remember”, algo para recordar.


Pero como el hombre es el animal que tropieza dos o más veces con la misma piedra, por supuesto que para complacer peticiones, fuimos nuevamente, años después, al campismo en este caso al llamado Puerto Escondido, en la costa norte muy próximo a Matanzas. Mi despedida fue que al parecer pisé unos erizos o fue otra cosa, el caso es que tuve una intoxicación cuyos síntomas fueron que comencé a hincharme por los pies y la hinchazón iba cediendo a la vez que subía, ya cuando llegó a la cabeza se acabó el problema…. y  la posibilidad de ir nuevamente al campismo popular.
                                                  Ya con la de este personaje es suficiente.

Una estatua de Stalin en La Habana.


Estalinistas como tal, yo creo que en Cuba no ha habido muchos. Quizás los miembros del extinto Partido Socialista Popular y sus seguidores, pero realmente si alguien ha sentido apego hacia esta nefasta figura mundial, ha sido a través de Fidel Castro.  Fidelistas sí ha habido muchos, pero mucho menos de los que lo han aborrecido y los que habiéndolo sido reniegan de haber asimilado ese sentimiento hacia alguien que lo único que ha hecho es estafarlos y mentirles.


Pero lo que muchos no entienden es que al margen de que admiren o no a Stalin, en Cuba lo que ha predominado y predomina, es un típico régimen estalinista, quizás tropicalizado, pero en el fondo es totalitarismo puro.


En Cuba subsiste el estalinismo de múltiples formas. Aunque no existe y de forma abierta, aunque sí solapada, no se implantó el descarado culto a la personalidad, el actuar de la maquinaria estatal, el control total de la información y la economía y la manera arbitraria en que se manejan la legalidad política y las libertades civiles, ubican a nuestra sociedad como un nicho superviviente de aquel gobierno que luego de cumplir su parte en la eliminación del genocidio nazi, se encargó por cuenta propia de liquidar muchos millones de personas y de restringir los derechos de cientos de millones y compulsar a sus países satélites, entre ellos Cuba, a hacer lo mismo.


El estalinismo, como sistema de represión, supo extender su influencia mucho más allá de las fronteras soviéticas, y de alguna manera surrealista, convertir a nuestro país en su más complaciente súbdito occidental.


En 1953, al día siguiente de fallecer Stalin, apareció en Les Lettres Françaises, el semanario cultural del Partido Comunista Francés, un número especial dedicado al recién desaparecido dictador. El dibujo de Picasso que homenajea al líder fue sin embargo muy mal recibido entre los comunistas franceses, quienes vieron una caricatura burlesca en el trazo, una ofensa al finado dirigente del PCUS, y exigieron la recogida y quema de todos los ejemplares de la publicación. Tanto Louis Aragon (director del periódico) como el propio Pablo Picasso, se plegaron ante la protesta y pidieron infinitas disculpas a golpe de pecho. Al parecer, tampoco Stalin se equivocaba jamás.  Hasta después de muerto su mano de acero llegaba a cualquier parte.

Dicen que Stalin se pasea por nuestra capital aún después de más de sesenta años de muerto.


Y la estatua habanera a Stalin, esa a que hacemos referencia en el título, por suerte sólo existe en la ignorancia de un fotógrafo canadiense, uno que, de alguna manera no menos surrealista, y acaso ofensiva, subió a una Web de viajes turísticos la foto que llamó de la efigie de Stalin en La Habana.


Tremendo bestia el fotógrafo ese, tan bestia de confundir a Stalin con Martí. Muestra no solo su ignorancia, su estupidez al ni siquiera preguntar y también hay que darle crédito a los poco profesionales editores de la Web.


Ya tenemos bastante con las estatuas de Lenin en el Parque Lenin y la Colina Lenin en Regla.


Por suerte todo fue una falsa alarma, ahora hace falta que se eliminen los símbolos estalinistas que quedan en nuestra sociedad y en la mente de algunos despistados.


La Esquina de Tejas


La esquina de Tejas no quedaba cerca de mi casa, para ir allá tenía que tomar la ruta 16 en la esquina o ir hasta el cine Maravillas, en la Calzada del Cerro y tomar cualquiera de las que por allí pasaban.  Pero a mí me gustaba más ir caminando, así pasaba por unos de mis recorridos favoritos, la Calzada del Cerro, donde tenía el gusto de pasar por frente al cine Maravillas, donde los españoles viejos jugaban una especie de bolos de piedra con gran efusividad y competitividad, pasar por la dulcería cuyo nombre no recuerdo, con dulces exquisitos y baratos, cruzar frente al cuartel de Bomberos, frente al cine Principal, la entrada a la Quinta Covadonga, cruzar frente a la entrada hacia el Estadio del Cerro y finalmente llegar a la Esquina de Tejas.


¿A qué iba a la Esquina de Tejas? Por supuesto que al cine Valentino, famoso por varias cosas, dos de ellas impresionantes para un muchacho: un techo que se abre (al igual que el cine Verdún, cercano al Paseo del Prado) y la otra un vendedor de golosinas que las voceaba en un lenguaje indescifrable, pero que todo el mundo sabía lo que decía su pregón.


.La Esquina de Tejas, la intersección de las calles Infanta y Calzada del Cerro (termina la Calzada de Monte y comienza la Calzada del Cerro y a su vez termina Infanta y comienza la Calzada de 10 de Octubre), debe su sobrenombre a un agrimensor de este apellido que levantó los planos de aquel sitio a principios del siglo pasado.  O sea que la teoría de que había una casa con un gran tejado o un tejar, no son ciertas.



La Esquina de Tejas nunca ha sido, y ahora menos, un lugar bonito o atractivo, ni de grandes comercios, simplemente ha sido un punto de referencia para viajar a un lado u otro de la ciudad.


Aparte del cine Valentino, demolido completamente,  existía el antiguo Bar Moral (tremendo nombrecito) el cual está ahora lleno de consignas y carteles políticos, y en él proliferan pocos borrachos y miles de moscas.  En otro inmueble de esa esquina, estuvo ubicada la fonda El Globo de Tejas, cerrada desde hace mucho, luego de haber matado tanta hambre en los entornos, y a precios módicos.


Oscura y desabastecida, como todas en Cuba, la librería André Voisin ha resistido, parece que milagrosamente, el paso de varias décadas.


Y el elemento nuevo de esta legendaria esquina son los dos edificios de vivienda (de 20 y 18 plantas, respectivamente) que ocupan el espacio donde antes estuvieron el cine Valentino y una valla de gallos, y donde también vivió en su momento una de las más renombradas familias habaneras, la del perfumista e industrial Crusellas.  Estos edificios, que estuvieron construyéndose, para romper un récord de ineficiencia, por casi 15 años, se encuentran en un estado de deterioro considerable.


Lo único que podemos encontrar en la esquina de Tejas hoy en día es una profusión completa de ofrendas de santería o brujería, por lo que algunos la llaman La Esquina de la Limpieza en lugar de La Esquina de Tejas.


Quizás el hecho de que la Esquina de Tejas es la confluencia de cuatro calles importantes (Monte, Calzada del Cerro, Diez de Octubre e Infanta) que atraviesan barrios humildes, habitados mayoritariamente por personas que suelen apelar a las prácticas de la santería, sea el objeto para lo que ha quedado esta conocida esquina habanera.


La esquina de Toyo


Cuando en La Habana se habla de pan, indudablemente que saltan inmediatamente varios nombres, pero entre ellos destacan (y en cualquier panadería se hacían panes de mucha calidad) Los Pinos Nuevos de Bejucal, un poco alejado y sobre todo la panadería de Toyo.


Una de las esquinas más conocidas por todos los habaneros es la de Toyo. De seguro si hacen una encuesta la mayoría responderán que este lugar, donde nace la Calzada de Luyanó con el cruce de la Calzada de Diez de Octubre, debe su nombre a una panadería que lleva años allí. Sin embargo, y pasa igual que con la Esquina de Tejas, el origen del nombre se debe al dueño de un bodegón que era paradero de caminantes y que existió en el mismo lugar hasta el año 1928, en que fue derribado.   Pero esta esquina no solo fué famosa por el bodegón y después la panadería, sino que fue una de las esquinas más famosas y llenas de tradiciones gastronómicas de la capital cubana.


La Esquina de Toyo, en la Calzada de Jesús del Monte, donde nace el ramal que es la Calzada de Luyanó, se hizo célebre por el bodegón, la panadería y la dulcería, todos con el mismo nombre y alta calidad en sus ofertas. Enfrente estaba el cine Moderno, la Oncena Estación de Policía y algunas pequeñas tiendas, de las llamadas de “polacos”, con buenos productos muy baratos sobre todo en telas y sedería.


Este cruce de caminos entre el centro de La Habana, Luyanó, la Víbora, era una intersección de tres esquinas, por lo que a los olores de la comida y el pan recién horneado, se sumaban los aromas de un tostadero de café.

El cine Moderno, fue el primer cine con arquitectura Art Decó del país, cuya llegada a la isla coincidió con el auge de las salas cinematográficas habaneras. Así marcó un estilo en sus principales construcciones. La impresionante cifra de 34 cines con construcciones con esta arquitectura es impresionante, pero sin duda hay que conocer al antiguo Cine Lutgardita, en Boyeros, ahora llamado Sierra Maestra, que es toda una excepcionalidad.


Y no sólo como referencia a la hora de mencionar el mejor pan que se hacía en nuestra isla. Más que como el nombre de un tipo de pan (que era el apellido de la familia que lo creó, en 1832), Toyo se ha perpetuado en el recuerdo como un sitio especialmente representativo de lo que fueron las esquinas habaneras antes de la revolución, cuando concentraban en  breves espacios todo el aroma, el sabor, el colorido, la popularidad y el movimiento comercial de la ciudad.


En esa esquina había desde los proverbiales panes con lechón asado (los de verdad, que desaparecieron para siempre del paisaje cubano), las incomparables fritas cubanas o los sándwiches criollos, hasta el arroz frito o la sopa china de la fonda de Confucio; desde el mejor carnero estofado de la capital, los tamales, el bistec a la plancha, hasta las dulcerías con vasta variedad de pasteles, o los batidos de frutas, toda una delicia gastronómica que tristemente hoy ha desaparecido. Solo subsiste el pan normado, el triste pan de cada día de los cubanos.


La Esquina de la Cruz Verde


No sé cuántas veces lo vi y sin embargo no le di el crédito que merece. Trabajé en La Habana Vieja de 1957 a 1961 y después de 1986 a 1988, además de los cientos de veces que concurrí a lugares de esa localidad a asuntos de trabajo o entretenimiento.  Y nunca me fijé debidamente en la Esquina de la Cruz Verde.


La esquina de las calles Amargura y Mercaderes, en la Habana Vieja, es conocida como la Esquina de la Cruz Verde, debido a una cruz pintada de ese color fijada justamente en la esquina que mira hacia el noroeste.  La cruz es una de las doce que podían encontrarse a lo largo de la calle Amargura en los tiempos de la colonia, originadas como una señal cuando el Vía Crucis pasaba por allí cada pascua desde la Plaza de San Francisco hasta la Plaza del Cristo.


La edificación, conocida como la Casa de la Cruz Verde, ha sido restaurada, contando con apartamentos modernos que se encuentran arriba del popular Museo del Chocolate.


La Playa del Chivo


Cada vez que salía del Túnel de La Habana hacia la llamada Habana del Este, Cojímar, Santa María del Mar, Guanabo o en camino hasta Matanzas o Varadero, a todos le llama la atención que contiguo a aguas tan profundas como las de la Bahía y las que rodean al Morro, haya una especie de playa, no apta para bañarse, pero que aparentemente es buena para la pesca, pues en ella siempre hay muchas aves.


Dicen que es refugio de aves, pero ahora es de todo tipo de plumíferos.


A pocos metros de haber pasado el lugar del antiguo pago del peaje, se encuentra la Playa del Chivo. Si bien en la actualidad su nombre nada tiene que ver con la presencia de este animal y tampoco por las características del concepto de playa,  el  nombre  persiste para algunos por ser un lugar factible para la pesca desde la orilla; para otros, con embarcaciones, o con atarrayas y capturar peces..


Pero también muchos saben que allí se ubicar la salida de las aguas albañales de la ciudad de La Habana. Este pequeño humedal costero es rocoso y cubierto de algas, que al bajar la marea, se vuelven una zona de alimentación para las aves marinas.


Un hecho histórico es que a pesar de que se anunció la llegada de un huracán, el capitán guipuzcoano del bergantín “Aviso” se hace a la mar desde La Habana el 4 de Octubre de 1844, naufragando en la playa del Chivo y sólo se salvan 6 personas de las 50 a bordo.El huracán también avería algunos buques en el puerto de La Habana.


Y el otro hecho es que el 4 de junio de 1762 la escuadra inglesa del almirante George Pockock, compuesta por 50 buques de guerra compuesta por 23 navíos, 24 fragatas, 3 brulotes (embarcación cargada de materiales explosivos, combustibles e inflamables)  y otros menores, con más de 2.000 cañones y 150 de transporte; con 8.226 marinos y 12.041 soldados (reforzados luego con otros 4.000) al mando de George Keppel, conde de Albemarle, ataca La Habana.
Durante los 11 meses de ocupación de La Habana, los ingleses importan más esclavos que la Compañía de La Habana en 21 años. Así y todo muchos cubanos quisieran que esa ocupación hubiera durado hasta nuestros días.  Entonces habría que decir como la canción: "La Habana no aguanta más", porque todos quisieran estar allí.


Aunque no desembarcaron propiamente en la playa del Chivo, ésta tiene que haber sido testigo muda de grandes combates al estar al lado del Morro.


Pero la moda ahora es realizar Graffitis en la playa de El Chivo, que se ha convertido en una playa gay ya que en ella se reúnen los adictos a esos gustos, por eso decimos que hay toda clase de plumíferos.


Ni es un lugar bonito y se me hace menos atractivo ahora con los que allí pululan, pero sin duda desde allí se ve un paisaje espectacular del skyline habanero.


La mafia china en Cuba


Una anécdota interesante que no me canso de decir es que cuando el actor Robert Duval, muy conocido por su papel como Tom Hagen en “El Padrino”, llegó a La Habana, Lo primero que le pidió al historiador Ciro Bianchi fue que lo llevara a conocer el Teatro Shanghai. A Bianchi le extrañó que el actor conociera aquel tugurio del Barrio Chino. Le tuvo que decir que ya no existía, que un solar yermo abandonado ocupaba su lugar. Pero Duvall insistió y, además, le dijo que también quería conocer los cabarés El Niche, Pensilvania, La Taberna de Pedro y El Niche, los que tampoco existían ya. No era muy difícil adivinar que Marlon Brando, amigo del actor, le había contado las noches de desenfreno en La Habana de los años cincuenta, pero no contó con que aquello también el comandante lo mandó a parar.


Carlos Puebla, a quien conocí deambulando casi como un pordiosero y que con otro personaje andaba con su guitarra ajada detrás de los turistas en la Plaza de la Catedral, aprovechó, como muchos, el momento de la llegada del nuevo régimen y compuso el himno revolucionario que resumía la vida de los últimos coletazos del juego: "Y en eso llegó Fidel/ Se acabó la diversión/ Llegó el Comandante y mandó a parar".


Y lo paró todo: la vida nocturna de La Habana, el juego y el proyecto de llenar de hoteles la franja costera que va de La Habana a Varadero. La mafia armó en Cuba un sueño que amanecía en los lujosos cabarés habaneros, o a altas horas de la madrugada. Una historia que mantiene a la capital cubana con el encanto acechando en todas partes: la arquitectura le debe mucho a aquellas historias donde los coches lujosos y las reliquias art decó hicieron de este rincón del Caribe uno de los más codiciados, y ese encanto se mantiene a pesar de que se desgaja en ruinas una de las ciudades más bellas del mundo.
Teatro Shanghai


Todos conocemos la presencia de mafiosos norteamericanos en los casinos y night club habaneros pero se ignora que también existió una fuerte mafia de origen chino en los barrios de La Habana. En la segunda mitad del siglo XIX comienza a crecer rápidamente el Barrio Chino de La Habana y llegó a convertirse en el siglo XX en el más importante de América Latina. Como parte de esta llegada de chinos a Cuba no solo trajeron consigo su cultura y sus comidas sino también contradicciones y rivalidades políticas. Los principales contendientes fueron al Partido Nacionalista Chino o Kuomintang de una parte y el Partido Republicano o Chi Kong Tong de la otra.


Dentro de la sociedad Chi Kong Tong o Partido Republicano, actuaba una especie de pandillas gangsteriles bien armadas, denominadas Tongs o Cuadrillas de la Muerte, supuestamente encargadas de ejecutar los ajustes de cuenta en la lucha por controlar negocios tan lucrativos como el narcotráfico y el juego. Muchos de los pequeños comercios del Barrio Chino habanero tenían que pagar mensualidades a las sociedades del barrio para asegurar su protección.


La entrada original del Barrio Chino era cerca de la esquina de Zanja y Galiano, donde un arco, hoy recreado unas cuadras antes, daba la bienvenida a los visitantes.


El Chinatown habanero había pasado a formar parte de una céntrica zona estratégicamente situada desde el punto de vista comercial. A pesar de ser pequeño, el Barrio Chino fue sede de prósperos negocios tales, como tiendas y bodegas con mercancías exóticas, zapaterías, puestos de frutas, fondas, trenes de lavado, y contaba con varias sociedades, llamadas de instrucción y recreo, pero eran el Kuomintang y el Chi Kong Tong las que gozaban de mayor influencia y membresía.Ellas reclutaban a sus miembros entre el mayoritario sector comercial, pero al parecer los nacionalistas superaban a sus rivales en el número de afiliados y en peso económico.


En 1925 ocurrió una gran reyerta en los salones del Casino Chung Wah, pero fue 1926 el punto culminante de los enfrentamientos con  hechos de violencia protagonizados por ambos bandos, aunque fue el Partido Republicano el que más se destacó mediante el uso de los tenebrosos Tong o Cuadrillas de la Muerte. Ambas partes querían el liderazgo de la comunidad china en Cuba y los enormes beneficios que se obtenían con el tráfico de inmigrantes, el juego al prohibido y los fumaderos de opio.


A juzgar por los datos que se disponen, la tradicional tranquilidad del Chinatown habanero se vio perturbada con la irrupción de inescrupulosos comerciantes que tras la fachada de “honorables comerciantes”


Uno de los personajes que actuaban como verdaderos hampones  fue  Andrés Chiu Lion que llegó a ser uno de los comerciantes más ricos de la zona, dinero supuestamente ganado con el comercio de víveres finos. Sin embargo, contemporáneos suyos lo caracterizan de esta forma: “De jugador de botones llegó a tahur con casa abierta bajo el manto de club político. Se hizo poderoso con el opio, venciendo a sus competidores y posibles asesinos”.  Fue un personaje vinculado al Kuomintang.


Su asesinato desencadenó una oleada de protestas y acusaciones contra la sociedad Chi Kong Tong y en particular contra su brazo armado, los famosos Tong o Cuadrillas de la Muerte.
Ello trajo consigo la investigación de los cuerpos policíacos, saliendo a la luz los aspectos más negativos de la vida en el Barrio Chino.


Ante la magnitud de los disturbios, el Gobierno se vio obligado a tomar cartas en el asunto. La vigilancia policial en el Barrio Chino de La Habana fue reforzada y se ordenó la clausura de varias sociedades, tanto en la capital como en las provincias. Paralelamente, se realizaron operativos policiacos contra el tráfico de opio y los juegos ilícitos. La corrupción en el Barrio Chino se convirtió en el tema del momento en la prensa habanera. Menudearon los llamados a la disolución del Barrio, clausura de sociedades y deportación de asiáticos. Se tomaron algunas medidas para acallar a la opinión pública, pero el Barrio Chino de La Habana continuó existiendo y la mafia china fue aplacada y controlada
Lucky Luciano. Salimos de Guatemala para entrar a Guatepeor.


El desequilibrio en el número de hombres y mujeres en la colonia china condujo a prácticas sexuales excéntricas, hasta llegar a crearse el mito del “chino maricón”, lo cual unido a la penuria trajo como consecuencia la exaltación y explotación de lo lúbrico. Del teatro chino se derivó también la tendencia al travestismo. Todo esto dio como resultado el surgimiento del notorio Teatro Shanghái, especie de burlesco habanero, donde se veía una pornografía explícita y vulgar, por lo que hablar de ese teatro era símbolo de perversión sexual.


Era sólo frecuentado por hombres y prostitutas que allí buscaban su negocio, y no estaba lejos de fumaderos de opio, que también existían en el Barrio Chino de La Habana. Además surgió la figura de la «mulata china», de una belleza y un atractivo sexual extraordinarios, lo cual las hizo muy cotizadas para amantes y vedettes, primero de cabarets y luego hasta de televisión.


Yo de muchachón estuve un par de veces en el Teatro Shanghai y aparte del mal elemento que allí había, sobre todo profusión de prostitutas y maricones, no creo que realmente valiera la pena el espectáculo.


Sinceramente, no creo que Robert Duval / Tom Hagen no se perdió nada con no poder ver el Shanghai. Ahora los cabarés de la Playa de Marianao, sobre todo con la figura de El Chori, eso si es otra cosa.


La mafia, que había dominado el juego, el turismo y los bajos fondos de la política de la isla, abandonó el país pero dejó tras de sí una huella que forma parte de la historia, se puede decir que bastante ignorada de Cuba. Ya la mafia china había quedado apagada. La mafia norteamericana se fue, pero se creó otra más poderosa, cuyos tentáculos han tenido sojuzgado y exprimido al pueblo cubano por más de medio siglo. Y no es como la siciliana, no cree ni en la familia.


La Virgen del Camino.


El que vivía en esa zona de La Habana donde comienzan amplias zonas residenciales hacia el Cotorro, San Miguel del Padrón, Jacomino y otros contiguos, conocía ampliamente al lugar llamado La Virgen del Camino. Para el que no andaba por esos lares, era simplemente uno de los puntos de confluencia para salir de la ciudad y ya en tiempos más cercanos, simplemente un lugar donde había un mercado agropecuario bien abastecido.


Pero originalmente La Virgen del Camino es una localidad española, perteneciente al municipio de Valverde de la Virgen, en la provincia de León y la comarca de Tierra de León, en la Comunidad Autónoma de Castilla y León.  
La Basílica de la Virgen del Camino, está situada a seis kilómetros de León. Es una larga historia que comienza el 2 de julio de 1505 como inicio de esta basílica actual, que fue inaugurada el 5 de septiembre de 1961. Entre estas dos fechas, ha habido diversos pasos arquitectónicos intermedios, pero, desde el principio, ha permanecido una línea continua de devoción a la Virgen del Camino, principalmente entre las gentes de la región leonesa y zonas limítrofes.


Ahora, la historia de la Virgen del Camino cubana se remonta a la segunda mitad del siglo  XVI, cuando se fundó un pequeño asentamiento llamado Luyanó. A la derecha del río de igual nombre había una encrucijada formada  por los caminos que conducían a los actuales municipios de Regla y Guanabacoa: el Camino Real de Güines, que en la actualidad se llama Calzada de Güines, y el Camino General de la Isla o Camino de Cuba, hoy llamado  Calzada de San Miguel del Padrón.
En  1946  los proyectos urbanístico construyeron una red de avenidas que enlazaría diversos puntos de la capital, como fueron la de Luyanó con la Vía Blanca y la Calzada de San Miguel del Padrón. Esto trajo como consecuencia la demolición de una gran cantidad de edificaciones y la desecación de una parte del río.
Exactamente en el centro de estos puntos en San Miguel del Padrón, se hizo una rotonda, donde fue colocada una glorieta, dentro de ella una fuente, y  una estatua representando a la Virgen del Camino


La excelsa escultora Rita Longa, fue su creadora y la obra ganó rápidamente merecida fama.
Sin embargo apareció la polémica en su época por la sensualidad que emana de sus formas y su vestuario, representa a la figura femenina sobre una base circular y parece que brota de grandes pétalos situados en el centro de una fuente con surtidores.
La imagen concebida de bronce, con dos metros de alto, la mirada dirigida hacia el camino, en actitud de marcha, batidos sus velos por la brisa , sosteniendo entre las manos la Rosa de los Vientos para señalar el rumbo en todos los caminos de la vida.


Rita Longa, quien también fue autora de la célebre bailarina del cabaret Tropicana, la Aldea Taína en la Ciénaga de Zapata, Los Venados en la entrada del Zoológico de La Habana y el busto del Indio Hatuey, que sirvió de base para la etiqueta de la cerveza de igual nombre, la más famosa en Cuba en esos tiempos, y otras,  se inspiró en la Virgen María, y fue el pueblo quien primero bautizó su obra como la Virgen del Camino, una escultura que para algunos resultaba demasiado voluptuosa aunque inocente.
Por supuesto que la religiosidad del pueblo le atribuye grandes milagros y poderes, por lo que diariamente aparecen ofrendas de velas, flores, monedas en su fuente y por supuesto muchas promesas para solucionar sus problemas.
La Virgen permanece ahí con su túnica y su rosa de los vientos, con un ramo de flores en su mano derecha, y la fuente llena de monedas brillando por la luz del sol que viene de la cúpula.


Yo, que soy tan incrédulo, fui varias veces a un antro cercano, llamado Las Catacumbas, y no obstante lo profano de mi actuar, más de una vez me acerqué a la Virgen y le dejé caer una moneda….por si acaso.


La Gran Piedra


Cuando en Julio de 1980 fui con mi esposa e hijos a conocer Santiago de Cuba, había lugares de determinada cercanía que no podíamos dejar de conocer y entre ellos había dos significativos: el Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, en el pueblo de El Cobre y el lugar que nos ocupa hoy: La Gran Piedra.


Llegar a La Gran Piedra en un ómnibus con doble diferencial, preparado para subir montañas empinadas, y admirar los paisajes y los numerosos restos de cafetales creados por los franceses que huyeron de la revolución haitiana a partir de 1791, por solamente eso ya valía la pena el viaje.



Pero aparte de la curiosidad que representa ver y subir a una de la piedras más grandes del mundo, veríamos en Cuba, y en la parte oriental de la Isla, la más calurosa, un clima fantástico, debido a su altura de más de 1200 metros sobre el nivel del mar.  Era finales de julio y parecía que estábamos en aire acondicionado.  Y qué decir de la vista después de subir a la enorme roca de origen volcánico que es el punto culminante del sistema montañoso, mediante una escalera interminable de 452 escalones. La mole cuenta con 51 metros de largo y entre 25 y 30 metros de ancho con un peso de más de 60 mil toneladas y en la cima de una montaña a 1234 metros de altura.


Desde allí se puede observar la Sierra Maestra y en días despejados se dice que hasta Jamaica y actualmente es considerado Monumento Nacional, siendo famosa todo el mundo, no solo por el contraste que le brinda al paisaje natural y por sus peculiares dimensiones, sino también porque es la de mayor tamaño en la zona del Caribe insular.


Hay distintas versiones sobre su formación, la que se debe al impacto de un meteorito que cayó hace millones de años en ese territorio y otras consideran que es resultado de la explosión de un volcán submarino.



En el camino, aparte de las ruinas de los cafetales, hay otros lugares de interés como el Jardín Botánico, el Cafetal de La Isabelica y el Prado de las Esculturas.  A mi se me hizo hermoso el motelito que allí está situado y algo inesperado, era época del día de los Niños en Cuba, cercano a la celebración política del 26 de julio y que en Cuba por mandato sustituyó al día de los Reyes Magos, por lo que me recomendaron ir a una Tienda del Pueblo (un comercio rural donde se vende de todo) y allí había muchos juguetes en venta libre, así que fue una alegría adicional para mis hijos.


Por supuesto que a los 40 años todavía se gusta de la aventura, así que años más tarde y junto con Jorge Barrera, del que he hablado en otros artículos, por haber trabajado juntos muchos años, aprovechamos una visita de trabajo a Santiago de Cuba, para visitar la Gran Piedra y bajarla a pie hasta el poblado de Las Guásimas, un recorrido de unos 15 kilómetros. En el trayecto fuimos recogiendo hermosos y exóticos helechos que pusimos en un cubo con agua hasta nuestro regreso a La Habana, donde los sembramos y por supuesto murieron porque no era el hábitat donde se desarrollan. Y el dolor en las piernas nos acompañó por unos días.


Pero sin duda, visitar el lugar y subir a la cima de la Gran Piedra es una experiencia única.


La guanajita echada.
Guanajo en Cuba es el ave de corral que también se conoce como pavo o guajolote en México. También en Cuba un guanajo es una persona tonta, boba o necia.


Es muy usado el dicho "...ni la cabeza de un guanajo..." para el que se cree algo que no tiene fundamento o una promesa incumplida, por ejemplo "no me envió lo que le pedí ni la cabeza de un guanajo". Se puede hacer un símil con la expresión española "ni hablar del peluquín".


Pero Guanaja es otra cosa. Puede ser la Isla hondureña de Guanaja, un cangrejo azul de igual nombre, un fruto de la India parecido a la fruta del árbol del pan.  Pero en cuba Guanaja es otra cosa.
La Guanaja echada (una comparación con un pavo empollando) se refiere a guardar un dinero con un fin determinado o para hacerle frente a una contingencia, de forma tal que no se cuente con ese dinero, por lo escondido que está, para otros fines.


Pero como a los cubanos nos gustan mucho los diminutivos, entonces pasa a ser “una guanajita echada”.


En tiempos pasados, era usanza común guardar el dinero debajo o dentro del colchón; en bolsillos de prendas que no se usan mucho, como trajes o abrigos gruesos; en zapatos con poco uso o guardado para ocasiones especiales; dentro de latas, escondido entre otros víveres; debajo de gavetas; detrás o dentro de cuadros (recuerdo que mi hijo mayor una vez escondió, cuando las primeras remesas de dólares, el que estaba entonces a un cambio inimaginable de 120 pesos cubanos por un dólar, un billete de 100 dólares y trabajo que nos costó encontrarlo porque ni él mismo se acordaba; bolsillos escondidos o dentro del forro de una cartera o bolso; dentro de un reloj u otro adorno; dentro de equipos electrodomésticos trabajosos para abrir y el caso más recurrido en el campo: en botijas enterradas.


Si bien esta práctica ha mermado, subsisten muchas personas que son reacias a que les controlen sus finanzas o simplemente no tienen confianza en el sistema bancario, por lo que se mantienen estas costumbres para sentirse más seguros, aunque si profundizamos de seguro no tienen nada.


El que haya leído de lo ocurrido en Argentina con el sistema bancario y el famoso “corralito” por supuesto que desecha al banco y busca uno de los escondites mencionados o haya otros más ingeniosos que sin duda los habrá.


Como decía mi padre: “siempre hay que tener una guanajita echada, por lo que venga”.


Estos temas de lugares y curiosidades cubanas no se agota, sigue en pie.